• COVID-19 y VIH

Covid-19 – Las asignaturas pendientes de la respuesta.

Por Javier Hourcade Bellocq

Actualmente, las Américas es la región más golpeada por la pandemia del COVID-19. Aún cuando, Estados Unidos de Norteamérica y Brasil aportan un número significativo de casos, estamos viendo en la región Andina, el Cono Sur y México números preocupantes. La sensación es, que ahora que pareciera estamos llegando a las “crestas de las olas” es cuando la silenciosa insurrección social y la falta de liderazgo gubernamental tiene mas gente en las calles expuesta. Y aún cuando hay una hipótesis sobre que en las últimas semanas el virus es sería menos dañino respecto de los primeros meses, lo números de morbilidad y mortalidad siguen siendo altísimos en toda la región. Lo que sucede es que los gobiernos no quieren ni pueden mantener las medidas de contención y reducción de la movilidad de la ciudadanía. Los factores económicos y sociales empujan la gente a la calle y de regreso a sus trabajos, sobretodo si estos son precarios.

Aislamiento o Cuarentena


Existe mucha desinformación respecto de las medidas que se deben tomar en cada caso, incluso en profesionales de la salud y funcionarios sanitarios. Por eso, basándonos en las definiciones de diversas fuentes, pero en particular, la de Centro de Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), les ofrecemos estas aclaraciones:

Aislamiento: El aislamiento es una medida para aquellas personas que tienen un resultado positivo de COVID-19, léase tiene la infección por el Coronavirus. Estas personas deben estar aisladas no menos de diez días y bajo un seguimiento médico, en particular, para monitorear que la complejidad de infección pueda cursarse dentro o fuera de un centro de salud. Luego de un mínimo de diez días, deben tener una mejora en toda la sintomatología y al menos un día sin fiebre, entonces el profesional puede indicarle salir del aislamiento, considerándolo recuperado.

Cuarentena: La cuarentena es para aquellas personas que hayan estado expuestas al COVID-19, y esto en general se determina en el rastreo de personas, luego que una de ellas es diagnosticada. Se presume que hubo una exposición si has estado más de 15 minutos en un lugar cerrado con una persona que resulte positiva, y a menos de 2 metros, o pudieras haberte expuesto a tos o estornudos. La cuarentena consiste en que la persona expuesta debe permanecer sin contacto directo y cercano con otras personas, normalmente quedándose en su casa por un lapso no menor a 14 días. Muchas autoridades sanitarias y migratorias exigen cuarentenas en establecimientos gubernamentales durante este período, pero se puede realizar en el domicilio de la casa, siempre y cuando se asegure el distanciamiento social con los cohabitantes, y no haya personas vulnerables en el mismo domicilio. Debemos considerar una gran ventana donde la persona puede esta incubando el virus, ser asintomática y transmitirlo. Se sabe que esto puede pasar entre el día 2 y 14, aunque la media de aparición de síntomas sucede entre el quinto y el séptimo día. Para terminar con la cuarentena se recomienda la realización de una prueba diagnóstica. La cuarentena es una medida muy utilizada con viajeros, pero no es otra cosa que aplicar el distanciamiento social constante por dos semanas.

Restricción de la circulación: Desde marzo, muchos países, incluso Estados o provincias dentro del mismo país, han impuesto la restricción parcial o total de la circulación de las personas. Normalmente se contempló la excepción de circular a quién se consideran personal esencial. La definición de esta categoría no ha sido uniforme. La restricción se ejecuta con la orden de quedarse en casa y se incluyen multas para aquellos que no los cumplen. Muchos países han estado incluyendo flexibilidades a esta medida ordenadas en una serie de fases. Los rebotes virales han obligado a las autoridades a dar marcha atrás en el “desescalamiento” de las restricciones. También, se piloteado aplicar restricciones más severas por lapsos de 14 días, con el propósito de reducir la circulación social del virus. El propósito fundamental de estas medida, además de proteger a la población, es aplanar la curva de demanda hospitalaria, y evitar el colapso de los servicios de salud. Hay países que has superado los 150 días de restricciones y las autoridades se enfrentan con la imposibilidad de mantener encerrada a la población por más tiempo. Estas medidas vienen acompañadas con el cierre de lugares de comida (con comensales en el establecimiento), todo tipo de evento deportivo o cultural, y la circulación en centros o calles comerciales. Todo esto tiene un grave impacto en la economía, en todos los niveles y genera una presión sobre las autoridades para su levantamiento.

Derechos humanos y protección social


Es una obviedad quizás, afirmar que la epidemia no afecta a todos por igual y que adherir a las medidas de mitigación tampoco. Las medidas de restricción de circulación como también las medidas preventivas han sido comunicadas y dirigidas a un segmento de la población, las clases sociales medias y altas. Familias que pueden atravesar etapas no productivas sin que se traduzca en inseguridad alimentaria, que pueden comprar tapabocas, alcohol en gel y tienen acceso a agua corriente y jabón. Así también, de existir un caso sospechoso en la familia, en la casa existe espacio para poder poner a esta persona en cuarentena hogareña. Los estudiantes de estos segmentos sociales tienen acceso a la tecnología para continuar su educación en línea, y general todo el grupo familiar se pueden beneficiar de las compras digitales de supermercado y otras compras en línea. En Latinoamérica entre un 30 a un 40% de la población viven en la pobreza, no tiene estos privilegios. Incluso depende el país, entre una a dos personas de cada cinco no tienen acceso a agua corriente y jabón, para cumplimentar la medida de higiene que previene la transmisión. Muchas veces las familias de menores ingresos pueden vivir en algún grado de hacinamiento, y los adultos mayores y otras poblaciones vulnerables coexistir con personas que deben salir a trabajar, y pudieran regresar con el virus.

Protección Social: La mayoría de los países no han considerado la implementación de medidas de protección social durante la pandemia y en los casos que existieron, fueron limitadas cuando no discrecionales. Muchas familias estuvieron expuestas a una perniciosa inseguridad alimentaria y con un muy limitado acceso a los centros de salud. En muchos países, algunos servicios, incluyendo el diagnóstico de COVID19 son pagos, lo que ha puesto a las familias económicamente vulnerables en situación de incurrir en gastos catastróficos. Vemos que muchas carteras de salud y el resto de los gobiernos han enfrentado la crisis sanitaria en una dimensión limitada, no considerando que las personas, para mantenerse sanas, requieren de una buena alimentación y vivienda. Se viene observando una muy pobre coordinación entre ministerios. Algunas ayudas económicas y alimentarias han estado dirigidas para los segmentos más pobres de la sociedad, dejando un número significativo de la población expuesta, que antes de la pandemia, tenían ingresos que estaban vinculados con trabajos informales y precarios. Por mencionar, las mujeres y personas trans trabajadoras sexuales no fueron incluidas en las listas de personas beneficiarias de los planes sociales, bajo la excusa que no ejercen un oficio reconocido pro el Estado y en consecuencia fueron empujadas al trabajo sexual clandestino, con la exposición al virus, como a la violencia institucional. Cabe señalar el número significativo de Organizaciones de Base Comunitaria se han movilizado haciendo llegar ayuda social y alimentaria.

Derechos Humanos: Las medidas para contener la transmisión del COVID-19 en nuestros países han entrado en conflicto con los Derechos Humanos de los ciudadanos. Los gobiernos lejos de reconocer esto, lo han dado por hecho. Por mencionar un ejemplo, la libre circulación. Para contrarrestar la libre circulación se hecho uso de la aplicación de medidas coercitivas, muchas veces ilegales. En todos los países, se han registrado abusos de autoridad, judicialización y hechos de violencia, entre otras formas de violación de los Derechos Humanos. Nadie discute que el aislamiento, la cuarentena, como la reducción de la circulación son tanto medidas necesarias como efectivas, pero su aplicación no libera a las autoridades de observar todos derechos humanos fundamentales. No se trata del qué, sino del cómo. También, esto es el origen de una profunda subestimación de la ciudadanía que pareciera necesita ser reprimida a fin de ser protegida sanitariamente. En los primeros meses de la implementación de las ordenes o decretos de permanecer en casa, ha habido un alto acatamiento, lo que demuestra que cuando la ciudadanía es informada en forma adecuada su reacción instintiva es cuidar su salud. No se aíslan o distancian por miedo a la autoridad sino al virus.

La nueva normalidad


En la mayoría de los países de la región se observa la fatiga de las restricciones que se tuvieron que imponer en los primeros meses, sumado a la urgente necesidad de salir a las calles para generar un ingreso económico. Vemos que el aislamiento social extendido ha traído trastornos en la salud mental de la ciudadanía, alimentada por la incertidumbre y el encierro. Los síntomas más vistos han sido estados ansiedad y depresión. La mayoría de las carteras de salud se han centrado en el virus y el comportamiento social como el control del vector de una enfermedad, descuidando otros aspectos de la salud integral de la ciudadanía, como la salud mental. Muchas autoridades nacionales han tomado decisiones y comunicado en forma errática y esto ha contribuido con la falsa sensación de seguridad en las personas, que van flexibilizando las medidas de autoprotección, en particular el uso de tapabocas y el distanciamiento social. Parece irónico que cuando en América Latina los datos están mostrando cifras record, vemos más gente en las calles circulando y en reuniones sociales en lugares cerrados, como restaurantes, lugares de culto y de entretenimiento. Cuando se enfrenta una epidemia con un virus que circula comunitariamente con una alta eficiencia a la hora de contagiar, los cierres, restricciones de circulación, vedas y cuarentenas siempre han sido efectivos. Entonces, parece haber un consenso sobre lo que hay que hacer y cuándo poner en marcha estas medidas.

Lo que parece evidente es la falta de consenso sobre cuándo y cómo se sale de estas medidas excepcionales. Vemos rebotes epidémicos en países en el hemisferio norte que habían controlado la circulación del COVID19, indicios sobre la reinfección y un desconocimiento lógico sobre cepas y la resistencia viral. Si los pronósticos mas optimistas ponen en el mercado una vacuna eficaz a fines de este años o principios del próximo, sabemos que pasarán muchos meses cuando haya suficientes dosis para vacunar a la población en general, o al menos a un porcentaje significativo que impacte epidemiológicamente. Mientras tanto, la mayoría de los países deberán seguir con lo que hay a la vez de enfrentar el impacto económico de la pandemia.

No sólo es histórica la aparición de la pandemia, sino también la respuesta a ésta. Y el síntoma quizás más claro es que a fines de agosto, a ocho meses de la aparición de los primeros casos de COVID19, tengamos una docena de potenciales vacunas en la fase donde ya se están probando en humanos. Así también, como el mundo entero ha movilizado sumas significativas de recursos bajo las Herramientas para Acelerar la Respuesta al COVID-19 (ACT-A por sus siglas en inglés). No será la última pandemia de estas características, pero la respuesta mundial a este Coronavirus nos enseñará valiosas lecciones y grabará en nuestras mentes, que la posible amenazas de pandemias, no es una abstracción de un grupo de científicos y filántropos.

39 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo